7 de Julio… San Fermín.

Pamplona (Iruña), 2:30 h. llegamos muy cansadas, aparcamos el coche en el parking de todos los años. Apenas hay coches todavía, normal, el chupinazo es mañana. Nuestra primera aparición en la Plaza del Castillo ya augura lo que será esa plaza, cuando al día siguiente empiecen las fiestas. Digamos que de momento hay, bastante gente. Nuestra pequeña caminata, cargadas con las maletas, hacia la casa donde vamos a pasar los próximos cuatro días, es tranquila y sin apenas interrupciones de mozos que se ofrecen amablemente a ayudarnos a arrastrar nuestro equipaje, aunque saben que no hay ninguna posibilidad real de que les podamos decir que sí.

            Cuatro días por delante de fiesta a cualquier hora. Noche que se convierte en día sin apenas darte cuenta. Días que se transforman en noches que no encuentran final. Mañanas frías, sentadas en la plaza de toros, esperando a que entren los seis bovinos, que por la tarde encontrarán la muerte a manos de sus respectivos toreros, eso si todo va bien y no cambia el destino.

            Pamplona, una ciudad de unos 200.000 habitantes que en fiestas del patrón de Navarra, San Fermín, pasa a tener 1.000.000, por lo que es normal que haya gente durmiendo en cualquier sitio, ya no por las borracheras impresionantes de muchos, si no porque en realidad, no hay alojamiento suficiente habilitado en la ciudad ni alrededores cercanos.

            A pesar de la inmensa cantidad de gente que va a disfrutar de esta fiesta, a pesar de las borracheras, de las distintas nacionalidades allí concentradas, de la juventud de muchos y de la madurez de otros… En cuatro años que llevo yendo a esta celebración, he visto cuatro altercados sin importancia, que han quedado en nada en unos segundos, gracias a la intervención de la gente, que enseguida los separa y ponen paz entre los implicados, que en ocasiones han acabado haciéndose una cerveza juntos.

            Y es que San Fermín tiene un capote muy grande. Un capote que saca el día 7 de Julio ya en la Plaza del Ayuntamiento, para que nadie se asfixie entre tanta multitud concentrada en tan poco espacio, que lo pone delante de los toros durante el encierro, aunque a veces sea inevitable alguna cogida, por imprudencias cometidas fuera del alcance del engaño Manoletino del Santo. Y lo guarda el día 14 de Julio, debidamente plegado, para al año siguiente sacarlo reluciente y volver a pegar sus capotazos de vida a los corredores y a la gente que allí se reúne.

            Esto es un pequeño resumen de la fiesta por antonomasia. Durante la semana iré ampliando la información recogida desde el mismísimo centro de las calles, de la plaza y del capote de… San Fermín.

            GORA SAN FERMIN!!!!

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