A propósito del despropósito

Ecce HomoMiro el Ecce Homo de la señora Cecilia y pienso que ha conseguido una similitud a La Gioconda de Leonardo Da Vinci. Esa boca que no se sabe bien si está sonriendo, si está lamentándose o si está a punto de caerle la “babilla”. No acierto a adivinar si está cerrada o está abierta. Una magnífica opción a la imaginación del observador, una parte un tanto abstracta, pues tampoco puedo llegar a asegurar que sea una boca.

Esa nariz desproporcionada, a modo de colgajo descolgado desde su frente, que quizás pasó por el mismo cirujano plástico por el que pasó nuestra mal llamada “Princesa del Pueblo” Belén Esteban. Por el que seguro que no pasó fue por el mismo cirujano que nuestra, bien llamada porque es título oficial, Princesa de Asturias.

Y qué me dicen de sus ojos a lo Rosi de Palma. Ojos que no guardan ninguna linealidad, más bien todo lo contrario la altura de los mismos es distinta.

La pobre Cecilia (ahora ya lo de pobre es un decir) le quiso hacer un favor al Ecce Homo original que estaba sufriendo con la corona de espinas y la cambió por un bonito gorrito de pelo con bufanda incluida, para evitar constipados de cara al invierno, que la mujer es mayor y por consiguiente muy previsora. Además lo pasó por la barbería del pueblo y lo aseó un poco quitándole la barba, que, jolin, estaba ya un poco dejada. Además “afeitadico” y “aseao” se va a todos los sitios y en los tiempos que corren el aspecto es muy importante cuando llevas un curriculum vitae a cualquier lugar de posible trabajo.

La vestimenta la ha dejado más o menos igual, la única variación que aprecio es que le ha quitado las hombreras, por lo que el nuevo Ecce Homo tiene los hombros algo caídos, pero ese pequeño detalle es lo de menos, además tiene solución con un poco de gimnasio, tan de moda en nuestra época.

Señora Cecilia, mi más sincera enhorabuena. No ya por el verdadero despropósito que ha hecho con ese cuadro, sino porque de la manera más inesperada e inocente, va a engrosar de manera desproporcionada su cuenta bancaria, se ha hecho famosa en el mundo entero y sobre todo, porque a partir de ahora cualquier cuadro que pinte, sea obra maestra o una verdadera “cagada” se cotizará a precio de oro.

Los humanos somos así de increíbles, a cualquier cosa lo llamamos… ARTE.

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