Aquí sí hay playa

1He vuelto a la playa. En realidad volví hace algo más de un mes, pero hoy estaba especialmente acompañada por un mundo de gente diferente y pintoresca. Hace algún tiempo ya hice un pequeño relato sobre los “preciosos” niños en la playa. Esta vez no había niños a mi alrededor, así que pude disfrutar de tranquilidad al mismo tiempo que observaba al personal.

Totalmente sumergida en mis pensamientos y mirando al horizonte, se cruzaron ante mí unas piernas peludas, blancurrias y delgadas, con un bañador ancho y negro que terminaba en la rodilla y de ahí para arriba salían unas flores grandes de color rosa. Sin perder el objetivo, mi vista siguió subiendo a modo de cámara superlenta y alcanzó a vislumbrar en su muñeca izquierda un reloj amarillo “fosfi” que brillaba tanto como el sol, y haciendo compañía al caminar de las deslumbrantes horas del citado reloj llevaba un exagerado número de pulseras negras… quizás ¿Cómo perfecto color a juego con el pantalón?. La camisa ancha de color gris disimulaba algo la curvatura de su anciana espalda que no impedía un caminar ligero. Una gorra de color indefinido pero tan “fosfi” como el reloj tapaba sus arrugas, y para finalizar, un frondoso bigote largo despeinado y gris ¿Perfecto color a juego con su camisa?. Pintoresco y atrevido en el vestuario el abuelo, sí señor ¡Con un par!

Tras este momentazo, el dormir era ya imposible, no podía perderme el espectáculo. Así que centré mi mirada en la señora que tenía un poco más adelante. Vi como intentaba extender la toalla en la arena y esta casi cobraba vida. No entiendo la razón pues en el resto de la playa no hacía aire, en cambio su toalla no había manera de que tocase la ansiada arena. Cuando al fin lo consiguió se sentó encima y la toalla seguía moviéndose, llegué a temer que saliera volando a modo Aladin con su alfombra mágica, esta vez en versión verano, con toalla mágica. Mientras rezaba para que la señora no saliese volando, oí un quads que se para detrás de mí. Era el cuerpazo de la Cruz Roja, que cogió su Walkie y pude oír perfectamente como decía: “Aquí rojo para abril, aquí rojo  para abril”, le contestan y seguidamente vuelve a decir: “Seguidme y os diré dónde está el muerto”. Joder, enseguida hice un barrido visual por toda la playa y he de decir que en lo que alcanzaba esta no daba para ver ninguna acumulación de gente que indicara suceso alguno. Así que cuando el guapo socorrista siguió su camino, mi mirada también lo siguió… y hasta ahí sé. Ni muerto, ni socorrista, ni acumulación de gente. Igual fue un espejismo efecto del calor sofocante.

Podría seguir desvelándoos las conversaciones que llegaban a mis oídos de dos grupos de “marujas” que estaban relativamente cerca, así como describiéndoos personajes al más puro estilo Mortadelo y Filemón que allí se encontraban, pero se haría demasiado largo. En definitiva os aconsejo que vayáis a la playa porque relaja, pone morena y si no queréis dormir no tenéis por qué hacerlo pues solo observando a la gente puede ser muy, muy entretenido.

Y ahora, ahí va un chiste:

“Dos gays que viven en el interior se suben a la terraza a tomar el sol. De momento una avispa le pega un mordisco a uno.

–        Ay Loli, ay Loli, ay Loliiii – se queja amargamente.

–        Pero ¿Qué te pasa? Peeeepi –pregunta el otro gay asustado

–        Ay, Ay, Ay – seguía.

Hasta que por fin pudo articular palabra y le dijo:

–        “Na” hija, que “ma picao” un cangrejo.

 

Que tengáis buen lunes.

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