Desesperación y esperanza

niñosEsta mañana, como cada día, he llevado a mi hijo al instituto. Cuando lo dejo, siempre echo una última mirada hacia atrás para ver como entra y a la vez pienso “míralo que majo y que grande está ya”. Eso seguramente es lo que hicieron los padres que dejaron a sus hijos en el colegio de Connecticut, sin llegar siquiera a pensar que sería la última vez que echarían la mirada atrás para ver lo maravillosos y guapos que eran sus hijos. El viernes por la noche, en España, aunque en Connecticut eran aproximadamente las 9:30 de la mañana, nos sorprendió una noticia escalofriante. Todavía siento la angustia de esos padres que corrían al centro escolar sin saber si sus hijos serían una víctima o un superviviente.

No puedo comprender qué impulsaría a ese joven a armarse hasta los dientes e ir a su antigua escuela y matar a todo el que encontró en su camino, o si no encontró lo buscó. Encontró a 20 pequeños y 6 adultos que no podrán vivir ninguna navidad más. Que fechas más horrorosas para que un, no sé cómo calificarlo, quizás loco, quizás violento, quizás asesino, quizás infeliz o quizás cobarde, decida entrar en la historia negra de un bonito y tranquilo pueblo Newtown. Un pueblo que, por desgracia ahora sí que hará honor a su nombre “Newtown” “Nuevaciudad”. Eso es lo que tendrán que intentar levantar las personas que estén afectadas directa e indirectamente en ese pueblo, una nueva ciudad, que vuelva a sonreír y a recuperar la normalidad. Será difícil, pues muchos pequeños ya no volverán a llenar de risas sus calles, pero quedan muchos otros y por ellos es por los que han de luchar ahora. Unos pequeños que son los que han de levantar esa “Nuevaciudad”.

niños1Han de hacerlo por los que ya no podrán hacerlo, han de hacerlo en su memoria. Han de volver a llenar la ciudad de vida. Ellos seguro que estarán iluminado algún lugar en el universo con sus dulces risas. O por lo menos, eso quiero y necesito pensar.

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