É bolà, je suis ici

eboSí, sí, aquí, en España ¡¡¡que me va a abrir las puertas de Europa!!!! La verdad es que me ha costado conseguirlo pero sabía que España no me fallaría. Me pasé años maquinando la forma de entrar en el bien o mal llamado “primer mundo”, y observando y cavilando encontré la solución. La tarea sería fácil. 

Hagamos algo de historia:

En un principio mi campo de acción eran las tribus del África más profunda pero donde, por suerte para mí, y gracias a la globalización y a la curiosidad de la gente, llegaban muy a menudo visitantes de la “capi”. Así que mi siguiente paso sería irme a un viaje sin retorno (mi semillita en las tribus ya estaba sembrada) a ver cómo se vivía y lo que había por allí. Y cual fue mi sorpresa cuando vi la cantidad de gente que se movía por la llamada capital y lo fácil que me resultaría saltar de “flor en flor”… ¡África sería mía!

Un día, haciendo mi tarea diaria, ya saben, infectando a toche y moche (trochanga y mochanga en África), me di cuenta de que ese continente se me quedaba pequeño. Necesitaba más. Me fijé en que por allí había muchos misioneros y voluntarios ayudando a mis víctimas y… “É bolà” se me ocurrió la idea, solo tenía que acariciar una de aquellas delicadas y suaves pieles “primermundistas” y… ¡Me iría a vivir el sueño americano! Sabía que si uno de sus americanísimos ciudadanos era infectado por mí, sus colegas no lo dejarían tirado en un hospital del “tercer mundo”. Y así fue como me fui de viaje en primera clase y bien aisladito a las Américas. Pero no conté con que estaban muy bien preparados y no pude hacer gran cosa por allí, enseguida me neutralizaron y encima me tienen muy vigilado y no tengo mucho que hacer. Pero no hay problema, dejé buenos amigos en África.

Una bonita mañana de verano, en el estado de Georgia (donde curaron a mi primer medio de transporte) me pude comunicar con unos “virucillos” amigachos míos que dejé en África y les dije que por aquí ni lo intentaran, que sería más sencillo intentarlo en Europa y más concretamente entrando por España. Informé a mis colegas que en España iban un poco “despistaos” en “nuestro tema” y que estaban demasiado ocupados con no sé qué del “independentismo”, “la crisis”, unos tales “tarjetas negras” que sabia yo que no eran virus, sino sanguijuelas y les aconsejé a mis coleguillas que, como he dicho al principio, España no nos fallaría. Y no me equivoqué, solo tuvieron que meterse en un misionero mayor y España se convirtió en nuestro mayor aliado, ahora nosotros lo llamamos “Españébola”.

A partir de aquí ya saben la historia. Fallo en la información, fallo en el protocolo, fallo en no saben dónde y yo disfrutando desde Georgia de la colonización europea de mis camaradas.

En fin, gracias Españébola por abrir tus puertas una vez más a todo y a todos. Gracias por querer ser siempre la primera en todo y para todo. Gracias, gracias y gracias. Tú nos das vida…

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