ÉL (1ª parte)

Metida de lleno en el interesante relato de un libro. De momento lees una frase que te hace pensar, y sin darte cuenta dejas de seguir las líneas del libro que tienes entre tus manos, y te pasas a otro que se empieza a crear en tu imaginación.

Hace unos días, estando leyendo un libro de aventuras, leí esa frase mágica que me hizo pensar, en ÉL  “… lo imprevisto esconde a veces tesoros inesperados”. Nada más terminar de leer ese fragmento del libro, mi mente retrocedió a unos meses atrás, cuando una noche y de forma imprevista, lo conocí. Luego mi mente saltó al momento en que me besó por primera vez, e igualmente volvió a retroceder a la primera vez que hicimos el amor. O mejor dicho, la primera vez que, simplemente, dormimos juntos, pues el cansancio y las horas de la madrugada pudieron con nosotros, haciéndonos caer en un profundo sueño uno en brazos del otro.

            Estos recuerdos han hecho que por mi espalda corra una especie de suave electricidad que me ha hecho cerrar los ojos, sumergiéndome así en la visión de aquella noche. He vuelto a su salón, a su habitación, y de repente me he convertido en una espectadora de lo que allí sucedió aquella bonita noche de invierno. Cuando nos reíamos porque jugando a las cartas le ganaba siempre y como castigo por ser el perdedor, le hacía pasar alguna que otra situación algo retorcida, auque luego esa misma situación se volvía en mí contra, y al final, por capricho de las cartas, terminaba por pagar esa penitencia junto a ÉL. Recuerdo cuando los dos tuvimos que bajar al coche, cumpliendo una de esas penitencias, sin chaqueta, simplemente ataviados con un fino jersey. Una noche, en que la temperatura rondaba los cero grados y el aire parecía que lanzaba cuchillos. El recordar ese momento me ha dibujado una sonrisa en la cara, he vuelto a sentir como me abrazaba cuando nos dirigíamos al coche temblando, simplemente para abrirlo, coger una botellita de colonia que llevaba en la guantera, volver a cerrarlo y regresar a casa. Una penitencia que nos pudo costar una pulmonía a ambos. Pero las reglas del juego están para cumplirlas y nosotros las cumplíamos a raja tabla, costase lo que costase.

            Que noche más imprevista y que tesoro más inesperado encontré.

CONTINUARÁ…

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