El mar sin ti

Hoy he vuelto a nuestra playa. Desde que partiste no había podido volver a ver nuestro mar, no me sentía capaz de regresar sin ti.

            Hoy el día está algo nublado, parece que hasta el paisaje está triste en tu ausencia. Me he armado de valor y he conseguido volver a mirar el mar, ese mar lleno de vida y que yo veo vacío, quizás como el interior de mi alma. Solo veo vida en ese mar cuando mi mente vuelve a recordarte entrando en él, cuando vuelvo a recordarnos cogidos de la mano dejándonos acariciar por sus olas y fundiéndonos en sus aguas. Esos abrazos, esos besos salados, ese sentirnos un único ser en las aguas mediterráneas. No existía el cielo, no existía la tierra, solo existía el mar y nosotros, nosotros y el mar.

            Ahora, recordándote, se abre un pequeño claro en el cielo, por el que vuelve a brillar el sol, y cada destello de su luz en el agua es una lágrima mía, una lágrima por ti. Tú, que cada vez que te vas me dices “sonríe” y yo lo intento y lo consigo, pero en tu ausencia mi sonrisa se convierte en un llanto amargo que te llama, que suplica que no te vayas nunca más de mi lado.

            Entro en el agua y cierro los ojos, quiero volver a sentirte, quiero que el mar me devuelva los momentos que se quedaron en su fondo. El mar es generoso y con sus aguas me balancea y me acaricia intentando consolarme de tu ausencia. De repente tengo la necesidad de salir, no puedo más, no puedo dejar que el mar se quede conmigo, he de volver a la arena. Sus aguas me sueltan lentamente y me empujan hacia la orilla con delicadeza, esa delicadeza que aprendió de nuestras caricias el día que pasamos a formar parte de él.

            Mis pies pisan de nuevo la arena, me tumbo en la toalla y noto el calor en mi cuerpo, el mismo calor que sentí cuando acariciabas mi espalda lentamente, cuando tumbados cogías mi mano, me mirabas y nos besábamos. Esos besos que nos hacían sentir que era realidad lo que estaba sucediendo, que no era un sueño o sí, era nuestro sueño llevado a la realidad más maravillosa.

            Tumbada sobre la arena las nubes vuelven a tapar el sol, el cielo vuelve a ponerse triste, pues durante unos segundos mi mente empieza a ser consciente de que te has ido. Y con esa tristeza y lágrimas en mis ojos me quedo dormida, hasta que una pequeña ola, cual mano de espuma, me toca los pies para despertarme y recordarme que el mar guarda nuestro secreto, que él nos mantendrá unidos, y que siempre esperará impaciente, el momento en que volvamos a perdernos en sus aguas, para convertirnos de nuevo, en un solo ser.

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