El señor de los… tatuajes

Absorta en mis pensamientos, mirando sin ver. De momento mi mirada se fija en una blancucha pierna con un tatuaje de AC/DC. Una pierna depilada solo en la zona del tatuaje, a partir del cual empezaba un frondoso bosque de pelos, que se perdían en el pantalón bermuda que llevaba el personaje en cuestión.

            Mi mirada siguió, con temor, subiendo a través de su pierna, sin saber qué me podía encontrar, y la previsión no era buena. Efectivamente no me equivoqué, su aspecto no correspondía en absoluto con su tatuaje rockero.

            Tipo escuálido, cincuentón largo; sandalias de verano, menos mal que no llevaba calcetines blancos, todo un detalle… ¡Ah no! ¡Claro! ¡Era para no tapar el tatuaje!; pantalones/bermudas tejanos y estrechos, que como mucho los había comprado en el Primark; jersey a rayas azules y blanco roto o quizás mal lavado, de marca desconocida para el mundo; lo mejor, su pelo corto despeinado, con una coronilla en la parte trasera. Era el personaje menos indicado para asociarlo con un fan de AC/DC. Seguro que en sus tiempos jóvenes fue un ferviente fan del grupo, e incluso lo será ahora, pero si ha sido capaz de tatuarse su nombre, podría haber mantenido un, por lo menos, pequeño look rockero a su vejez. La imagen me resultó patética. Creo que el tatuaje me miraba implorando que lo rescatara (ahora que está tan de moda eso del rescate) de aquella pierna. Que pena me dio el tatuaje, pobrecito, condenado a permanecer allí fielmente para toda la vida.

            Siempre he pensado, que cuando uno es joven, los tatuajes están perfectos, son sexys. Pero, alguien se ha parado a pensar ¿Qué pasará cuando la piel empiece a envejecer? ¿Cuándo, para ver el nombre de la madre, de la novia o del hijo, se tenga uno que coger la piel y estirarla? O esos tatuajes que tantos señores del gimnasio llevan alrededor de su bíceps hinchado y perfecto ¿Qué pasará cuando ese bíceps no sea tan perfecto? O ¿Qué pasará cuando la rosa de la espalda de la señora empiece a marchitarse?

            He de reconocer que hubo una época que tuve la tentación de hacerme uno, pero fui dejándolo pasar y al final no lo hice. Ahora me alegro de no haberlo hecho.

            Os iba a decir una frase que me dijo un día un policía, y que me quedó grabada para siempre, y no en forma de tatuaje, pero he pensado que mejor no, pues si ya tenéis el tatuaje hecho, quizás pueda resultar algo dura. Bueeeeno, vaaaaale, si os empeñáis os la digo. Me dijo que para ellos un tatuaje es perfecto, pues “nos sirve muchas veces para identificar a los muertos”. Joder, con el poli, me dejó sin palabras.

Así que antes de haceros uno, pensadlo bien y procurar estar muy seguros de lo qué vais a poner y dónde, que luego todo cambia, se termina, se arruga y se descuelga.

Y que conste que un buen tatuaje en un buen cuerpo, me gusta y me pone, no voy a decir lo contrario.

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