El tren prohibido

2     Otra vez en la soledad del tren, únicamente acompañada por lágrimas que llevan tu nombre. Un llanto silencioso que ansía gritar dos palabras prohibidas que no puedo pronunciar, porque tus sueños duermen al lado de otra memoria. No quiero invadir un mundo al que no pertenezco.

     Continuamente subo al tren que pasó por mi estación hace unos años. Subo y bajo como en una continua montaña rusa en la que se ha convertido mi vida atraída por el fruto prohibido.

     Mirando el paisaje, mis ojos se cierran y sueñan que vuelvo a despertar a tu lado, y siento tus caricias que me transportan a una vida inventada, a una vida de 24 horas junto a ti. Y cuando despierto te has ido de nuevo, dejando un vacío en mi corazón que llenarás una y otra vez con el calor de tus letras y con mi vuelta al tren de nuestra vida prohibida.

     C’est la vie, te digo. Es la vida, me dices. Cruzamos los idiomas. Cruzo fronteras para verte, cruzas el país para estar conmigo. Se quedan cortas las palabras para expresar lo que sentimos en cada momento que pasamos juntos. Los días separados se hacen años y las horas juntos se hacen segundos. Nada ni nadie nos importa en la intimidad de nuestro palacio de cuatro paredes, que encierran montones de sueños que no sabemos si podremos hacer realidad algún día.

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