Esas manos arrugadas

VIESiempre recordaré aquella pareja de viejecitos que llegaban una o dos veces al año desde Francia y se quedaban durante un tiempo. Eso se convertía en una alegría inmensa para mí. Cuando era más pequeña porque el que vinieran significaba que todos los fines de semana venían mis tíos y mis primos y comíamos juntos en el gran patio de casa de mi abuelo. Luego cuando ya me convertí en adolescente, además de toda la fiesta, me gustaba que vinieran porque siempre me daban algún dinerillo y cuando tienes 15 ó 16 años eso supone casi como ser millonaria frente a tus amigos, pues siempre íbamos con los duros contados. Cuando me hice bastante más mayor a duras penas seguían viniendo, pues igual que yo, ellos también se hacían mayores o más bien… ellos envejecían.

En esa última etapa no me importaba el jolgorio, ni el dinero, lo que me gustaba realmente era cuando nos sentábamos todos a la mesa para comer o cenar y sus manos permanecían unidas y se trataban con tanto amor y respeto que aún siguen brotando lágrimas de mis ojos cuando lo recuerdo.

Desde entonces es con lo que sueño todos los días. Con dos manos entrelazadas, con signos evidentes de vejez pero de las que brota un amor infinito, y en las que el tiempo lo único que ha conseguido es… dibujar arrugas en su piel.

Buen fin de semana.

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