Estrenamos verano

            pyEsta semana empezamos el verano y con él las excursiones en masa a la playa. Adelantándome un poco al día exacto del comienzo estival, hace unos días decidí acercarme a mi querido mar Mediterráneo y pasar una tarde tranquila de lectura y sol relajada en mi hamaca y que mis pies pudieran tomaran un primer contacto con la arena.

            Al bajar del coche la cosa pintaba regular. A lo lejos pude distinguir más gente de lo que me esperaba. Planté mi silla a una distancia bastante prudente del resto de la gente, es una cosa que suelo hacer por respeto al espacio vital de cada uno, y desplegué de lo más feliz mi “artillería” playera.

            Quince minutos de gloria y de repente… oigo en la distancia algo de jaleo y abro un ojo. Así como hace muchos meses publiqué un artículo titulado “Aquí sí hay playa” en el que describí el mundo pintoresco que a veces me he encontrado junto al mar, y al inicio de este blog, allá por el 2012, escribí otro artículo dedicado a los niños en la playa, hoy me voy a centrar en el grupo de mujeres de donde provenía el jaleo, y que, para no perder la costumbre, se instaló a menos de tres metros de mí.

            En principio era muy pintoresco por la mezcla de edades que lo componían. Allí había desde una de 70 años hasta una de unos 20. A la que más se oía a la de 35. La que dijo la mentira más grande, la de 50 a la de 35 diciéndole que estaba morena, a lo que la de 35 dijo: “¿A que sí? Mi madre también me ha dicho que he cogido colorcillo” (evidentemente la madre la ve con buenos ojos). Yo todo era guiñar los ojos y forzar la vista por si estaba sufriendo despigmentación ocular y era mi vista la que la veía como un vaso de leche. No, rotundamente la amiga era una mentirosa de cojones. Vamos a pasar a la veinteañera, la más joven pero la más entrada en carnes, aunque eso es lo de menos. Lo realmente escandaloso era el vocabulario que utilizaba, entre palabra y palabra había una palabrota (un ostia, un coño o una puta) y no es que yo tenga un lenguaje puritano y casto, pero la chica en cuestión no se saltaba ni una “lindeza”. La señora de 70 se limitaba a mirar y no abría la boca. Cabían dos posibilidades: una, que tuviera alguna clase de demencia senil o, y espero que fuera esta, estaba flipando de lo que estaba viendo y escuchando, y quizás por su cabeza lo único que pasaba era… “¡Empieza el espectáculo!”. Exactamente lo mismo que pensaba yo.

Feliz comienzo de verano y… que el sol os acompañe.

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