Magnífica orientación

La jodida orientación. Cuando voy en el coche a algún lugar desconocido, ni con el GPS me aclaro, siempre acabo apagándolo o diciéndole que se calle de una vez, que ya sé por donde se va. Claro eso lo hago cuando ya me ha ayudado a encontrar el camino y estoy llegando. Aunque reconozco que a veces he intentado llegar fiándome de mi instinto, he apagado el aparatito en cuestión y… lo he tenido que volver a encender.

            Otro de mis retos son los grandes almacenes, en los que a veces me pasa algo parecido, empezando por sus parkings. Más de una vez, y de dos y de tres, he llegado tan feliz a la gran superficie, y después de pasar un rato buscando el sitio ideal encuentro uno. Aparco. Voy pensando en mis compras o en cualquier otra cosa y ni me fijo donde dejo el coche. El problema lógico viene cuando regreso a por él cargada de bolsas. No aparece. Intento esforzarme para hacer memoria de los últimos pasos dados cuando lo dejé. Nada. Al final lo encuentro, pero lo que hubiese sido cuestión de dos minutos se ha convertido en quince o más.

            El otro día entré en el Primark, un sitio que no suelo frecuentar, pero en el que a veces encuentras algo interesante y casi “regalao”. Bien, pues al terminar mi visita empecé a buscar la salida. De momento me pareció como si estuviera en un sitio cerrado, lleno de estantería, ropa, complementos y en el que habían escondido la puerta que no conseguía encontrar. Me dio la sensación de que cada vez que me dirigía a lo que yo creía el camino hacía ella, giraban todo el almacén y sólo encontraba más estanterías.

Pero no os creáis que me limito a perderme en el Primark, nooooo. Cada vez que voy a El Corte Inglés creo que descubro una salida secreta que me ponen adrede para ver si soy capaz de encontrarla. No sé cómo me las ingenio pero cuando busco el supermercado llego a la sección de deportes y cuando quiero ir al supermercado, doy con la sección de libros y si busco la de libros llego a la perfumería. Y si por una de aquellas me da por ir al baño entonces la hemos “fastidiao”, eso es la más absoluta misión imposible, así que hago como los niños “meaditos de casa”.

Sólo existe una ocasión en la que la posibilidad de perderme es prácticamente nula, y es cuando me acompaña mi querida prima, especialista en estos lugares que para mí son una auténtica… pesadilla.

            Así que opto por proponer a todas las grandes superficies, que las diseñan aposta para que estemos el máximo tiempo posible perdidos por sus pasillos y así aumenta la posibilidad de que compremos más (y conmigo tienen un chollo), para que lo monten tipo Ikea, con fechitas en el suelo que te indican el camino a seguir. Que sí, que es como si fuésemos borreguillos, pero es muy eficaz.

            Y no me digáis que a vosotros no os ha pasado nunca nada de esto, porque… no me lo voy a creer.

            Ah! Se me olvidaba deciros que hay un sitio en el que no me pierdo y aunque parezca mentira es en el metro.

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