No apretar

Llamamos a la puerta de una casa, apretando un botón. Llamamos el ascensor, apretando un botón. Escribimos en el ordenador, apretando teclas. Hacemos llamadas telefónicas apretando botoncitos con números. Encendemos luces, apretando pulsadores de luz. Abrimos y cerramos la puerta del coche, apretando el botón de la llave. Encendemos y cambiamos los canales de la televisión, apretando botones del mando. Encendemos la vitrocerámica, apretando botones digitales. Los coches de F1 llevan un volante lleno de botones, los dedos de los pilotos van locos. El mando de la Play, botones que emocionan a los hombres. Y así podría seguir con infinidad de apretones. Apretar, apretar, apretar.

Pero chicos, os he de decir una cosa, porque creo que a algunos os irá bien saberlo. Las mujeres tenemos un botón. Un botoncito apenas perceptible, que está algo escondido, que aunque algunos os empeñéis en hacerlo (gracias a Dios los menos) ese, cuando lo encontréis, porque también os suele costar encontrarlo, ese… no se aprieta.

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