¿Nos vamos de vacaciones?

Empezamos a hacer la maleta para irnos de vacaciones.

En los días que anteceden al viaje, unos van haciendo una lista de las cosas que les podrán hacer falta. Otros se van preparando, en un lugar acondicionado para ello, algunas cosas que se les ocurren serán necesarias. Hay otras personas que esperan al último instante para hacer la dichosa maleta.

            Llega el momento en que toca hacerla ya, pues al día siguiente te vas. Bien, yo por mi parte hago una lista antes, pero, para qué narices la hago si al final no la miro, pues sólo ver la cantidad de cosas que he apuntado me agobio, así que paso de la lista y empiezo a sacar ropa del armario, zapatos del zapatero, potingues varios para el aseo personal, cargadores para los aparatos electrónicos que me llevo y… los “por si acaso” (luego sabréis que es esto). Ahora lo difícil, meterlo todo en la maleta. Que si viajas en coche no es complicado, pero si viajas en Ryanair y no quieres facturar la hemos jodido, pues es materialmente imposible que todo quepa en la liliputiense maleta que nos permiten en estas compañías de Low Cost.

            Recuerdo cuando fui a Florencia. Hacía frío, y claro me tenía que llevar varias chaquetas, la cosa se complicaba, y bastante. Maleta hasta los topes, que pasaba de los10 Kg. reglamentarios, y yo acojonada por si me la pesaban y me tocaba pagar 50 € por exceso de equipaje. Pero cuando fui a embarcar la cosa se complicó aún más. ¿Qué hacía con las prendas de abrigo que llevaba fuera de la maleta? Solución, chaqueta de borreguito puesta, abrigo encima, atada a la cintura otra chaqueta y por supuesto bolso camuflado entre todo esto, ya que sólo puedes llevar un bulto en la mano, así que recurrí al modo “cebolla”. Entre los nervios por si la azafata se fijaba en mí y la ropa que llevaba encima, tenía tanta calor, que creo podría haber dado energía para alumbrar un campo de fútbol los 90 minutos del partido. Pasé gracias al tipo que iba delante, pues el chico era guapetón y la azafata le hizo el reconocimiento a él, y yo aprovechando la coyuntura me colé como quien no quiere la cosa.

            Otra de las veces que fui a Londres se me olvidaron los “por si acaso”. A mí siempre me han dicho que en Londres llueve todos los días. Así que me puse mis botas y ¿Qué no me llevé? Evidentemente “por si acaso lucía el sol” no me llevé unas chanclas. Pues bien, los cinco días que estuve allí no calló ni una jodida gota de agua, más bien al contrario, lució un sol espléndido. Llegó el último día y ya no podía más, así que entré en los maravillosos almacenes Harrods y me compré unas chanclas, por cierto que me costaron un ojo de la cara. Feliz, me las puse ¿Y a qué no sabéis que pasó cuando salí a la calle y di dos pasos?  Sí, exacto, empezó a caer un chaparrón, con unas gotas de agua tan grandes como las medallas que han dado en estos JJOO.

            Por todo esto, pasemos a los consejos prácticos. Primero, factura maleta y así podrás llevar todo lo que se te ocurra; segundo, no te dejes nunca los “por si acaso” llueve, hace frío, calor, nieva, encuentras al hombre o a la mujer de tú vida, sales a pasear, sales a bailar, hay un terremoto, etc. etc. etc.; tercero, pasa de hacer la bonita lista, pues da igual, al final siempre se te olvidará algo; pero sobre todo, sobre todo… si vas a Londres, llévate una chanclas, pues es mentira eso de que siempre llueve.

            Y ahora, buen viaje a todos y que os sea leve el llenar… vuestro particular baúl de la Piquer.

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