Pañuelo multiusos

PAÑUELO 2Ayer, viendo una película en la que la protagonista empezaba a llorar y su chico sacaba un pañuelo del bolsillo y se lo dejaba, empecé a pensar… “Vaya, el famoso pañuelo que siempre te saca de un apuro y evita que las lágrimas y los mocos surquen tu cara a placer y se conviertan en una masa viscosa y transparente en tus manos. Qué oportuno”.

Pero de repente empecé a ir más allá y seguí pensando… “Espero que el pañuelo esté limpio, porque el chico lleva el pañuelo en el bolsillo por algo, ¿no?”

Y por un momento imaginé lo que puedo haber pasado durante el día:

Ahora que estamos en verano, y en un momento intenso de calor el susodicho decide limpiar su sudor con el pañuelo. El pañuelo queda perfectamente doblado pues no hace falta desdoblarlo para pegarse un repaso rápido por la frente y de nuevo al bolsillo. Consecuencia, la chica ni lo notará. Otro caso que se podría haber dado es que el chico, al ir a coger el coche y abrir la puerta, toque algo acuoso en el tirador y no sabe qué es, aunque sospecha que nada agradable. No hay problema, saca su pañuelo, un “pim pam” en los dedos, cambia el sentido del doblado y pañuelo impoluto. Consecuencia, la chica ni lo notará. Vamos a continuar el día del individuo. Estando en una terraza comiendo con un compañero de trabajo viene un viento de estos que se levantan a veces sin más y empieza a resbalar por su nariz una “agüilla” sin importancia, pero que hay que detener de inmediato o goteará sin remedio cual grifo con escape. Rápidamente, pañuelo sin desdoblar (pues ya se había cambiado el doblado antes) y repaso rápido en la nariz a modo de refregones varios. Caso resuelto y moquillo salvado. Volvemos a cambiar el doblado, esta vez ya no controla si al lado ya usado anteriormente o a uno nuevo. Consecuencia, la chica seguirá sin notarlo porque todo se va secando. Y vamos a por el último supuesto. Llega a casa y en breve llegará su chica. Ducha rápida, cambio de ropa pero su pañuelo ya menos impoluto (aunque no se nota) al bolsillo, que nunca se sabe. Empieza a poner la mesa y de repente ve que uno de los vasos tiene una pequeña marca de agua. No problem, mano al bolsillo, puntita del pañuelo a la puntita de la lengua y un pequeño repaso a la marca de agua, ya está, como nueva.

Así que a lo largo del día este trozo de tela ha sido el amigo fiel el inseparable del machote. Luego, en el caso de que su chica empiece a llorar (viendo la “peli” romanticona, o por el disgusto que le ha dado su amiga íntima, por poner algún ejemplo)… ¿Qué le ofrecerá muy amablemente y con todo el corazón el caballero?… SU PAÑUELO (sí, esto dicho con énfasis y al más puro estilo Carlos Sobera en “Atrapa un millón”).

Y aquí ya dejo vuestra imaginación volar y sopesar la invisibilidad de los distintos jugos, líquidos o llamadlos cómo queráis, que han quedado adheridos en ese maravilloso y mágico (eso es lo que piensa ella) trozo de tela que la hermosa chica utiliza para secarse sus preciosos y grandes ojos verdes.

Moraleja: Nunca aceptéis un pañuelo de tela, mejor que sea de papel y que lo saque directamente del paquete (entiéndase del paquete de pañuelos, claro) y así podréis estar seguras de que ese pañuelo no causará ninguna infección o conjuntivitis en vuestros, ya de por sí, llorosos ojos.

Feliz, “snif, snif”, lunes.

Comments are closed.