Puto avión

provisEl taxi corre más de lo normal, o por lo menos eso me parece a mí, y en menos de quince minutos me deja en el aeropuerto. Desde que salí de casa los nervios del despegue hacen que mi cabeza esté para explotar.

Entro en el aeropuerto y me dirijo hacia los carteles luminosos donde averiguo la puerta a la que he de ir para embarcar. Eso si encuentro mis queridas gafas, pues están tan altos los dichosos letreritos que mis miopes ojos no pueden ver nada a esa distancia y menos con tantas lucecitas, letras y números que se emborronan desde aquí abajo. Puerta B9, allí que voy sin correr pues se acerca el momento del temido despegue, así que… sin prisa. Los sudores de la muerte empiezan a hacerse palpables. Recuento, ya vamos por nervios del despegue y sudores de la muerte. Ahora los temblores pensando en el despegue y encima he de quitarme anillos, reloj, pendientes, cinturón, no sé si luego acertaré a ponerlo todo en su sitio. Control pasado. Empieza a hacerse la cola para el embarque. Los nervios por si no me pasan la maleta de mano que hoy pesa 12 Kg., hacen que necesite un lavabo urgente, no, me aguantaré, no es una sensación real, son los nervios, pasará. Embarco. Me aposento lo más rápido que puedo y saco mi ebook a ver si leyendo logro pensar en algo que no sea el despegue. Leo una página y visualizo el despegue “Fuera de mi mente maldito”. Leo dos páginas y visualizo el despegue “He dicho que fuera”. Dos páginas más y vuelve la visión. No puedo más, apago el ebook y dejo que mis visiones me martiricen.

El avión empieza a moverse, mis manos se aferran al asiento como si eso fuera a salvarme si el armatoste no despega, pero bueno, me sirve para no echarme a llorar. El avión encara la pista y empieza a coger velocidad. Cierro los ojos. Mis manos se quedan sin sangre y el asiento se queja. Rezo hasta lo que nunca conseguí aprender, empiezo a prometerle a Dios que si consigue hacer que despegue dejaré de fumar. Mentira me fumaría un cigarrillo en ese mismo instante. Sudor frío. Empiezo a hacer las respiraciones como si estuviera pariendo. Levanto la cabeza para ayudar al morro del avión a elevarse. Ayudar, ayudar, ayudar… ¡Subeeeeeee!… Conseguido… ¡Vamosssssss!

Llego al destino. Aterrizamos. Salgo a la escalerilla del avión y noto la anhelada brisa en la cara. La verdad es que ya ni me acuerdo qué destino tenía el avión, no sé ni dónde estoy, lo único que sé es que por fin… mis pies han tocado tierra.

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