Se acabó

Se acaboPor fin han guardado las dichosas lucecitas de los balcones en las bolsas y cajas de cartón. Los papas y mamas ingenieros electricistas a tiempo parcial, habrán cambiado las bombillas fundidas, que el año que viene volverán a martirizar nuestras retinas con “maravillosas” luces de colores.

Por fin se han terminado las horas y horas delante de una mesa, comiendo y comiendo a modo de “La grande bouffe”, salvando las distancias en cuanto a las escenas escatológicas y el terrible final de la película, por supuesto. Ahora toca verdura, verdura y más verdura; deporte, deporte y más deporte; pescado, pescado y más pescado. Tiempos duros para volver a entrar en los pantalones y vestidos de la talla que llevábamos antes de empezar las fiestas.

Por fin se acabó el gastar y gastar en juguetes, regalos, colonias, corbatas y calcetines para la familia más allegada. Y ya no te digo los regalitos del dichoso amigo invisible, que entre la cena del gimnasio, la de trabajo, la de amigos, la de no sé que y no sé cuantos, aunque hay tope de 3, 5 ó 10 €, coño, se te va una pasta gansa, total para nada, pues la mayoría de esos regalos terminan en la basura o abandonados en cualquier rincón de cualquier sitio.

Queridos lectores, espero que hayan aprendido algo estas fiestas y ahora no se excedan… en la rebajas. Que ya hemos tenido bastantes excesos.

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