Sweaty Spinning

Hace mucho calor en la calle, es verano y hoy aprieta de lo lindo. Aún así decido ir al gimnasio. Me pongo mi atuendo deportivo y me preparo y mentalizo para sudar en la clase de Spinning.

            ¡Y vaya si sudé! Pero no por el motivo por el que normalmente se suda en un gimnasio, es decir haciendo deporte.

            Estoy tranquilamente colocada en mi bicicleta, calentando un poco mientras llega el monitor, un chico bastante atractivo. A lo lejos veo que viene hacia la clase. Pero… me doy cuenta de inmediato que lleva un culot rojo, y desde mi miopía, veo algo raro en su zona noble, que achaco a eso, a mi miopía. Pero no. Sigue acercándose y entra en la clase ¡Dios mío! ¡Madre mía! y ¡Madre de Dios! El culot que lleva es muy bonito pero, pero, ufffff, se le nota todo, todo y todo. Relleno de culot no lleva. La forma de sus partes nobles es perfecta, como si la estuviera viendo sin nada, perfectamente delineada en la zona centro, echada un poquito a la izquierda. Aún sudo cuando recuerdo la imagen. Y todo esto ya no era un efecto óptico como consecuencia de mi defecto ocular.

            Seguí pedaleando intentando no mirar a su entrepierna. Ya no me llamaban la atención sus bonitas y perfectas piernas fibrosas, ni sus bonitos y cuidados brazos, no, solo una cosa me llamaba la atención, su abultada y perfecta zona roja.

            Se sube a la bicicleta, como si nada sucediera. No sé si no se había mirado al espejo, o simplemente quiso que entrásemos en calor sin tener que pedalear mucho. Por el motivo que fuese, consiguió su supuesto propósito y entramos en calor antes de lo previsto.

            Su bicicleta está en un podium, para que todos podamos verlo. Yo siempre me pongo en la primera fila, pues hay un balconcito y así me da más el aire. Mi vista queda a la altura de sus piernas, y ahí es donde siempre y normalmente dirijo mi mirada para seguir su ritmo de pedaleo. Pero hoy es imposible. Mi vista se niega a quedarse en sus piernas, y a la que me descuido me la encuentro en la entrepierna. Para intentar impedir que mis ojos se dirijan hacia donde no deben, giro la cabeza una y otra vez hacia el balcón ¡Ja! ¡Como si me importara mucho lo que pasaba fuera! lo único que puedo ver por ese balconcito, es una terraza vacía y el cielo. Ese cielo que hoy no me interesa lo más mínimo, pero que me está sirviendo para distraer a mis curiosos ojos, que solo tienen un propósito, mirar lo prohibido.

            La clase se me hizo eterna, el sudor inaguantable, el esfuerzo por coordinar mis pedaleos con mis ojos, para dirigirlos a otra parte, insoportable.

Por fin, después de casi una hora, terminó la agradable tortura. Fue la clase más larga de mi vida, en la que terminé más cansada que nunca, física y mentalmente. Estiramos un poco y a la ducha, que hoy iba a ser de agua fría.

No sé si el monitor se percató de las miradas, ni si alguna chica más tuvo los mismos pensamientos. Nada se comentó en el vestuario. Lo que sí sé, es que el culot rojo nunca más se vio en esa clase. No se volvió a repetir la experiencia roja.

Posiblemente con esa única vez, nos dejó bien claro… que él lo valía por fuera y por dentro… ¡DEL CULOT!

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