Triste y terrorífico despertar

Verano del 75. Como todos los años, durante una semana, se reunían en la casa de campo toda la familia, primos, tíos, hermanos.

Aquel día, los niños habían estado comentando que la radio local había dicho algo sobre la aparición misteriosa de sacos en varias casas de la ciudad. A media tarde, cuando ella entró en su habitación, allí estaba, uno de los sacos misteriosos encima de su cama. Salió corriendo, e inocentemente fue a contar a sus primos lo que había visto a los pies de su cama. Entre miradas de complicidad y risillas entre dientes, todos se acercaron a la puerta de la habitación y asomaron la cabeza para ver el misterioso saquito, que ellos mismos habían colocado, sin que evidentemente la pequeña supiera nada.

La noche avanzaba y tenían que acostarse. Ella, retrasó el momento todo lo que pudo, pero ya era tarde y todos se iban a dormir. Sus primos le dijeron que no tuviera miedo que no pasaría nada. Así que se metió en la cama, y sin tocar, ni querer apenas mirar el misterioso saco, se tapo hasta las orejas. Se apagó la luz. Oscuridad absoluta.

La niña no podía dormir, su mente no dejaba de pensar en lo que había en su cama, algo que no quería mirar pero que sabía estaba ahí. El sudor se adueñaba de su cuerpo y no era precisamente por el calor. Era imposible, el sueño no llegaba, el miedo se iba apoderando de todo su cuerpo a cada minuto que pasaba. Su mente incansable, pero nublada por el terror, le jugaba malas pasadas. Empezaba a ver que el saquito se alumbraba. Se estaba abriendo. Ella temblaba. Su mirada aterrada ya no podía apartarse del saco, del que empezó a salir una mano negra, con uñas muy largas que parecían buscar algo. Ella se hacía cada vez más pequeña en aquella cama para dos, ella y el saco. De momento y tras un rápido destello de luz apareció una gran sombra negra, con capucha, ojos encendidos y manos enormes que se abalanzaban sobre su pequeño ser. Intentó gritar pero no pudo.

A la mañana siguiente, cuando sus dos primos fueron a ver que les contaba la pequeña para reírse un rato de la travesura, encontraron a Easy con los ojos abiertos, fría como el hielo y con una lágrima resbalando por su rostro.

El forense solo pudo… certificar su muerte.

Aunque sea una maldita incongruencia… Feliz día de Todos los Santos.

Aunque sea una maldita americanada… Happy Halloween’s night.

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