Tu Princesa

          No sé lo que me pasa, pero siento en mi interior una opresión que me llena de tristeza.

          Me levanto por las mañanas y mi primer suspiro es para ti. Mi primer pensamiento es soñar que estás a mi lado. Mi primer momento de amargura… despertar y ver que eso no es así. Y no sé cuándo voy a volverte a ver.

          Al irte, con esa incertidumbre con la que siempre partes, no pude derramar ni una lágrima. Ahora esas lágrimas están encerradas en mi interior y no pueden o no saben salir, y ellas son las que me oprimen dentro, las que me ahogan en todo momento.

          Los días son largos, son duros por tu ausencia. Quiero que el tiempo pase rápido, y llegue el día en que, como siempre, nos encontremos en Valencia, en Barcelona, en Sevilla o en París. Da igual el lugar del mundo donde estemos, da igual la distancia que nos separe, los dos sabemos que haremos todo lo posible por reunirnos, por pasar unos días, unas horas juntos, sorteando toda clase de inconvenientes, toda clase de obstáculos. Juntos que es como somos felices.

          Y la vida se empeña en ponérnoslo difícil. Pero después de mucho tiempo, continuamos salvando esos obstáculos, esas dificultades, esas distancias. Dios mío, cuanto deseo que el tiempo, que se empeña en pasar tan lentamente, se decida de una vez a pasar rápido, y volver a tenerte a mi lado, acariciándome. Esas caricias tuyas que recorren mi cuerpo con desespero, como si de un momento a otro me fuese a esfumar. Esos abrazos que me das con tanta ternura, como si fuera tu Princesa.

          Sí, todavía recuerdo aquella noche, sentado a mi lado, me bautizaste como “Tu Princesa”. Sí, sí, sí, quería ser Tu Princesa, pero no esa noche, quiero seguir siendo Tu Princesa el resto de nuestras vidas. Esas vidas que hoy por hoy viajan separadas, y que tengo la certeza de que algún día, esas mismas vidas darán las vueltas necesarias, y volverán a unirse… para no separarse jamás.

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