Vida y muerte. Cielo y tierra

11Hasta hoy no me había visto capaz de escribir sobre el terrible suceso del avión estrellado el martes pasado. Es posible que me haya pasado un poco como a las familias, que solo después de unos días empiezan a confrontar la cruda realidad, no volverán a ver a sus seres queridos. Quizás a mí también me haya hecho falta este período de, digamos, duelo, para poder asimilar tanto dolor.

            Creo que lo que ha hecho que salten las primeras lágrimas de mis ojos, ha sido el testimonio de un hombre que ha perdido a su mujer, a su hija y a su nieta, tres muertes que seguro arrastran con ellas corazones que seguirán muertos en vida.

            Una mente trastornada que se lleva 149 vidas inocentes y totalmente ajenas a que, el martes 24 de marzo de 2015, iniciaban un viaje sin retorno al cielo. 149 personas que no podrán volver a sonreír, ni a llorar, no podrán abrazar, amar… sentir.

            Una sola persona que no solo ha matado a 149, también ha arrancado de cuajo el alma de familiares, amigos y conocidos de todos ellos. Historias de vidas truncadas por un sinsentido obsesivo de alguien que no quiero volver a nombrar nunca más. No me importa su muerte, a nadie le importa su muerte, o quizás sí, a sus propios padres, a los que ha dejado marcados de por vida, por su muerte, que sufrirán en el más absoluto silencio y por la losa de culpabilidad y pesar que les ha dejado como herencia post mortem su, en algún momento, adorado hijo.

            Mi más sentido y sincero pésame a las personas cercanas a las 149 víctimas inocentes que siempre seguirán vivas en los corazones de todos.

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